Texto publicado originalmente en CiudadInvisible.cl
Por cierto que hace falta discusión política en nuestro país
y también debate para nutrir nuestra democracia. El que tenga alguna duda de
ello merece la muerte, por antidemocrático. Y es que las bases fuertes en las
que se basa nuestro sistema permiten que todos los chilenos podamos identificar
a las autoridades de manera clara y prístina. A quien le cabe duda ver a los
jerarcas de nuestro estado, todos con su terno negro, su camisa blanca y su
corbata roja, como la roja de todos y todas. Autos fiscales que son a toda
raja. Qué bien anda chile, sobre cuatro ruedas.
Tenemos la posibilidad de elegir nada menos que cinco tipos
de autoridades por sufragio universal. Los concejales – alcaldes, los senadores
– diputados y por último los presidentes. Esto nos coloca como uno de los
países más democráticos de Latinoamérica, junto a Uruguay que ocupa el primer
lugar en un estudio de la ONU que no revisé. Somos la raja.
Tenemos la posibilidad de ver pancartas con las caras de los
políticos para elegir a consciencia qué tipo de modelo de desarrollo y proyecto
axiológico de comunidad-nación esperamos desarrollar a futuro. Para hacerse una
idea del panorama político con ideas y propuestas basta tan solo con caminar un
par de cuadras entre las miles y miles de palometas publicitarias con rostros
de candidatos que a veces incluso, y vaya qué bueno que así sea, sirven de
improvisadas viviendas a los vagabundos. La democracia les llega a todos en la
forma menos esperadas, qué simpática realidad.
Y dentro de nuestro sistema democrático chileno, de congreso
bicameral, que no es proporcional-populista, sino que binominal-viable,
mantiene dos coaliciones que actúan como dos grandes partidos políticos. Uno de
derecha-derecha y otro que junta a la centro derecha con el centro, es decir
una centro derecha que está en el izquierdismo de la centro derecha. Queda
claro cuáles son las tendencias, y de ello hace eco la ciudadanía empoderada,
que vota a sabiendas de que un socialista actuará por el pueblo y no por los
empresarios, por ejemplo. Siempre bien informada y que vota a consciencia individual
sobre el colectivo. Porque somos un país democrático individual.
Y es en este escenario electoral que se viene para el 2013
donde debemos preguntarnos sobre lo colectivo. Este año electoral donde tenemos
a una ex presidenta (representante del bloque de centro derecha con el centro,
es decir una centro derecha que está en el izquierdismo de la centro derecha)
que nos invita a pensar en clave de paridad de género y génera, a todos y todas
/ nosotros y nosotras, en donde probablemente se enfrente al candidato de
derecha que nos mantendrá hablando de nosotros los emprendedores y
emprendedoras, a los que no les basta con tener una idea, sino que quieren
concretarla.
El ágora, ese espacio donde los fabulosos griegos discutían
sobre la política (es decir el ordenamiento de la ciudad para su óptimo
funcionamiento), eran plazas grandes afuera de los templos, ahí ejercían una
democracia directa, que por gran cantidad de sabidos en la materia, era mucho
mejor que la nuestra porque era a viva voz y por cierto mantenía fuera de ella
a las mujeres, los esclavos, los afuerinos y los menores de edad, además de los
que no tenían dinero para poder ser considerados ciudadanos. Quizás por todo
ello, funcionaba mejor. No había lucha de clases, ni ninguna de esas ideas retrógradas
que aparecieron en el siglo XX. Es mejor quedarse con el progresismo griego.
Bueno, pero a lo que iba con toda esta columna y el título
de la misma -sobre todo con el título- era que el colectivo se articula como un
lugar e instantes, adecuados para hablar de política. Quizás sea la oportunidad
ideal para debatir acerca de todas las enormes pifias de nuestro injusto
sistema económico que no apunta a la redistribución de ganancias, tiempo de
cuestionarnos sobre el modelo de crecimiento desbordado que es inviable con el
ecosistema y por último es una invitación (siempre invitan y nunca obliga la
democracia -ojo con eso-) a preguntarnos por la legitimidad de las autoridades
que elegimos por ejemplo los diputados y senadores y el jueguito del binomal.
Es porque que el colectivo (el viaje en colectivo), es un momento y un lugar,
donde podemos hablar con nuestros conciudadanos.
Ahí estamos en igualdad de condiciones, todos pagamos el
mismo pasaje y estamos una proximidad que induce el diálogo. Ojalá reflexionen
en esto, y ojalá vayan y voten por uno de los dos bloques que dan estabilidad
al país. Es súper simple diferenciarlos, uno es el de derecha-derecha y otro
que junta a la centro derecha con el centro, es decir una centro derecha que
está en el izquierdismo de la centro derecha. Mire qué sencillez.
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